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lunes, 13 de marzo de 2017

Presa y predador


La relación del hombre con el resto de las especies animales tiene una antigüedad que se pierde en el tiempo.

Los animales forman parte de las sociedades humanas desde hace miles de años. La profusa aparición de animales en todas las manifestaciones culturales del hombre y en los más diversos ámbitos de las mismas, tiene su razón de ser por todo lo que éstos le aportan.

La noche de los tiempos                               

Durante muchos millones de años, a lo largo de la evolución de los primates y de las primeras especies del género homo, el vínculo que unió a estas especies con el resto de la fauna fue, simplemente, una relación predador-presa, en la que los primates representaban el papel de presa en la mayor parte de las ocasiones.
La evolución del género homo hasta llegar a nuestra especie actual, homo sapiens, fue un largo camino en el que el desarrollo de la inteligencia, la utilización de instrumentos cada vez más complejos y el uso del fuego hizo que los humanos cambiaran el papel de presa por el de gran predador. Durante varios miles de años, nuestros antepasados directos se fueron dispersando por todo el globo, manteniendo la caza de animales y la recolección de frutos como aportes fundamentales de su dieta. Es también en esta época cuando tuvieron lugar las primeras extinciones de animales, especialmente de grandes herbívoros, provocadas por el hombre.


El mamut fue el único gran mamífero con el que convivió el Homo sapiens. Fue el impulsor de las migraciones de aquellas gentes en constante peregrinar por la tundra.


Hace alrededor de 50.000 años                                                                                                 

El hombre ya conocía el fuego, y sabia que era su mejor amigo y debía conservarlo. El hombre vivía en cavernas y se cubría con pieles de animales. Se desayunaban con algunas larvas e insectos, pero también comían nueces, fresas y huevos de aves salvajes.
Los niños se dedicaban a buscar leña, algunas mujeres recogían raíces y frutos de plantas silvestres. Otras mujeres preferían quedarse a la par de la fogata y trabajar con las pieles de los animales cazados por los hombres.
Unos pocos hombres permanecían junto al fuego trabajando trozos de pedernal, dándoles lentamente forma de raspadores, hachas, clavos y otras herramientas.
La ocupación principal de los hombre era la caza. Si se atrevían podían cazar hasta mamuts, bisontes, renos, y caballos salvajes, pero como para matar a su presa solo disponían de garrotes y lanzas de madera, generalmente tenían que contentarse con piezas menores.
Solían comer en el mismo lugar donde cazaban al animal, pero a veces llevaban lo que podían al campamento. Esta gente comía cruda la carne y los huesos los quebraban y sorbían la médula, Luego las mujeres machacaban los restos con la ayuda de martillos de madera o  de piedra hasta convertirlos en una pasta que también les servía de alimento.




Carnívoros y vegetarianos                                                                                                                 

El hombre cazó, pero no era recolector como se repite frecuentemente. Al menos no lo fue hasta hace unos pocos miles de años, pues con honrosas excepciones, la mayoría de las semillas y muchas de las plantas y tubérculos son incomestibles para el hombre, o no digeribles.
Y para que esto cambie hay que aplicarles el fuego, es decir, cocer, preparar, cocinar dichos alimentos para hacerlos digeribles. Esto supone que el hombre no aumentó la alimentación vegetal en su dieta en tanto en cuanto no descubrió el uso y dominó el fuego.
Hasta la aparición del hombre de Cro-Magnon en Europa, los hallazgos de fogones son esporádicos, por lo tanto el fuego era más un instrumento de protección, de calor y de uso para la caza. Incluso no se dominaba la técnica de su producción.
Cuando aparece el Cro-Magnon, sí se generaliza su uso, porque comienza a dominarse la técnica de producirlo y por lo tanto puede utilizarlo para cocinar. Y esto sucede ¡sólo hace 35.000 años!

Poco a poco los cazadores se atrevieron a cazar los grandes animales, como hipopótamos, osos, elefantes, bisontes, jabalíes, renos, mamuts y todo tipo de animales comestibles.

La caza influye en el desarrollo de nuestra relación social                                            

Pero ¿por qué el hombre necesita o se plantea esa necesidad de cazar, es decir, de convertirse en predador? Bueno, no hay mejor forma de alimentación, mejor fuente de proteínas en cantidad y calidad, de grasas asimilables en el cuerpo, que las que proceden de los animales. Sin la carne no desarrollaría el voluminoso cerebro.
Pero aún hay más: en el mundo de los vegetarianos ningún alimento se comparte, sin embargo entre los carnívoros sí se comparte el animal cazado. Esto es, hasta el mismo hábito social distingue al hombre como cazador.
La caza no solo exigió nuevas actividades y nuevos géneros de cooperación, sino que también modifico el rol del adulto de sexo masculino del grupo. Entre los primates vegetarianos, los machos adultos no comparten el alimento. Ocupan los mejores lugares de alimentación y hasta quitan el alimento a animales menos dominadores. Sin embargo, puesto que la matanza en común es una conducta normal entre muchos de los carnívoros, la responsabilidad económica de los machos adultos y la costumbre de compartir el alimento en el grupo probablemente fue el resultado de ser carnívoros. El deseo de carne lleva a los hombres a ampliar el ámbito de su conocimiento y a aprender los hábitos de muchos otros animales.


Toda su organización social y de trabajo se construyó en torno a la consecución de alimento e instrumentos para la caza. Los animales -al hombre- lo hacen sentir fortalecido o temeroso, influyen en su salud o, simplemente, forman parte de su acervo cultural.

Se inicia la carrera armamentista                                                                                                       

Estas certezas tienen, según parece, consecuencias directas en el desarrollo de nuestra habilidad como seres pensadores y reflexivos. Esto es así desde el momento en que se necesitaba desarrollar nuevas armas y técnicas, lo que quiere decir que nuestra evolución en la habilidad de hacer herramientas, y luego instrumentos y aparatos, viene en todo o en parte de la caza.
Y especialmente el desarrollo y utilización de armas, su invención y mejora son consustanciales con el hombre mismo. Su progreso y sus logros son las marcas que enseñan los diferentes desarrollos como especie. Nacimos ligados a las armas y se continúa ligados a ellas.

La caza era un gran riesgo como una gran necesidad. La caza era una referencia permanente y eje de la existencia de clanes, tribus, grupos y familias de Homo Sapiens de hace varias decenas de miles de años, cuando la naturaleza gobernaba a su antojo la tierra y el cielo.


Cazador vs pastor                                                                                                                                

Sin embargo algunos autores no son tan benignos con los cazadores, más si se compara con la reciente actividad pastoril. El hombre cazador -dicen-  está muy próximo al guerrero, al hombre violento y sin ley. El pastor -en cambio- ofrece la primera manifestación de "capitalismo", ya que su ganado es un capital del que obtiene un rédito manifiesto con sus productos. Por tanto, el espíritu del pastor es más conservador y prudente que el del cazador. El pastor resolvió el problema del hambre mejor que el cazador. Para éste, cada amanecer era una incógnita a despejar, mientras que el primero podía asegurarse una continuidad. Los pueblos arios y semitas que se hicieron pastores aumentaron en población y fuerza.
El infanticidio y la muerte de los ancianos e inválidos sólo se da en pueblos cazadores. Los pastores representan una fase de cultura  más depurada. Pero los pastos se agotaban, aparecen tiempos de sequía y también puede surgir el fantasma del hambre. Se impone la emigración. Entonces, pueblos enteros se ponen en marcha en busca de mejores pastos. El caballo debió de ser un gran auxiliar para este movimiento migratorio.
Carnívoro o vegetariano, cazador o pastor, presa o predador, lo cierto es que para el hombre prehistórico nada fue fácil. Pero gracias a sus habilidades e inteligencia lograron sobrevivir. Y gracias a ellos, aquí estamos.

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